Espiritualidad Sinodal
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Nos conduce a la vivencia de un proceso de búsqueda para realizar la acción evangelizadora de modo organizado, planificado en consenso y no al revés. Por eso, orienta el camino y la evolución progresiva y global del proceso diocesano de evangelización pastoral e inspira la generación de espacios de comunión, participación y misión.
Pues es, ante todo una disposición espiritual que impregna la vida cotidiana de los bautizados y todos los aspectos de la misión de la Iglesia (DF 43) [1]. “Indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente todos sus miembros en la misión evangelizadora” (CTI 6) [2].
En efecto, a lo largo del recorrido sinodal se han tenido una serie de reuniones que han puesto en marcha las estructuras (elaboración, consulta, económica, decisión y ejecución) que hacen posible la implementación del sínodo y el proceso de evangelización. Entre ellos, los encuentros del obispo con las comisiones de pastoral, las familias, los jóvenes, catequistas, educadores, comunicadores y sectores del entorno social; asambleas diocesanas de pastoral, de laicos y misión; así como, la verificación del carácter sinodal de los itinerarios catequéticos.
Es un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo (DF 28). No es un fin en sí misma, sino que apunta a la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia en el Espíritu. Evangelizar es “la misión esencial de la Iglesia [...] es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad profunda” (EN 14) [3].
La espiritualidad sinodal, podemos decir que permite llegar a descubrir en ella los modos en que el Espíritu Santo ilumina la vida de la Iglesia, para la conversión y renovación pastoral. Dinámica con la que Dios sale a nuestro encuentro, haciéndonos ver que siempre está obrando y nos precede; atrayendo a cada uno a un amor más profundo por Cristo y moviéndonos a desear una comunión, participación y misión cada vez mayor.
Que nos lleva como pueblo de Dios a anunciar y testimoniar auténtica y eficazmente el Evangelio a las mujeres y a los hombres de todo lugar y tiempo, haciéndose “sacramento visible” (LG 9) [4] de la fraternidad y unidad en Cristo querida por Dios.
[1] FRANCISCO. Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, (24 de noviembre de 2024).
[2] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, (2 de marzo de 2018).
[3] S. PABLO VI. Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, (8 de diciembre de 1975).
[4] CONCILIO VATICANO II. Constitución dogmática Lumen Gentium, (21 de noviembre 1964).
